martes, 3 de enero de 2012

CRESPITO

Manuel Crespo "Crespito", banderillero que el 20 de septiembre de 1931 recibió una terrible cornada en un muslo en la plaza de toros de Torrelaguna siendo trasladado al Sanatorio de Toreros de Madrid donde le sería amputada la pierna y  a consecuencia de complicaciones por la operación fallecería un 24 de octubre de 1931. Crespito, sevillano de Triana, era sobrino del matador de toros Joaquín Navarro "Quinito".


La prensa de la época se  haría eco de este suceso, también en la novela de Rosa Montero, "La Hija del Caníbal", aparece relatado.

22 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Ah, pues leí hace años La hija del caníbal, pero no lo recordaba.

Menos mal que las cosas en eso han avanzado, y ahora las plazas cuentan con instalaciones más adecuadas para poder atender a los heridos.

Buenas noches, monsieur

Bisous

Cayetano dijo...

Igual que madame, yo también leí hace tiempo dicha novela y no recordaba dicho episodio, lo cual es normal teniendo en cuenta que se trata de una anécdota más de una obra leída hace mucho y los detalles se pierden.
Sobre el desgraciado accidente, qué se puede decir. Los trabajos de riesgo es lo que tienen. Y esta es una muestra más.
Un saludo.

RETABLO dijo...

Antes del descubrimiento y difusión de los antibióticos se amputaban piernas con gran frecuencia por las infecciones producidas en heridas que, muchas veces eran poco más que simples puntazos.

Saludos.

Eduardo de Vicente dijo...

Yo no he leído la novela pero sé de buena tinta que viene en ella el suceso, es normal que no lo recordéis pues Torrelaguna os suena más desde hace solo año y pico que sois seguidores de este blog, si la hubieseis leído recientemente seguro que me lo habíais comunicado.
Ahora te plantan una UVI móvil en las puertas de cualquier festejo taurino y los antibióticos cn lo que dificilmente se pueden dar situaciones de este tipo.

Saludos; madame, Cayuetano, Retablo.

El Gaucho Santillán dijo...

Pobre hombre.

Cuando el toro cornea al "matador", se salva?

Un abrazo.

lar-ami dijo...

No sabía de tu aficion taurina. Es importante recuperar este cachito de historia. Por cierto, ¿las corridas se celebraban en la Plaza Mayor? He oido en algun sito que asi era en Torrelaguna a finales del XIX. Un abrazo

CarmenBéjar dijo...

Eran tiempos en los que en las plazas de toros se carecía de las mínimas medidas de cirujñia y enfermería. Y a esto no se ha puesto remedio hasta hace bien poco, como todos sabemos.
Un saludo

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Me están gustando estos recuerdos taurinos que nos ofreces últimamente. Un abrazo.

Eduardo de Vicente dijo...

Gaucho la cornamenta del toro de lidia suele ser astifina con lo que las heridas en caso de penetrar en el cuerpo humano son grandes y desgarradoras, y sí mueren matadores de toros que al fin y al cabo es un riesgo de su profesión que de tarde en tarde pasa.

Un abrazo.

Eduardo de Vicente dijo...

Lar-ami, así intento tratar estos hechos como historia. Hasta la década de los noventa del s. XX, siempre se hicieron las corridas en la Plaza Mayor, hasta la década de los sesenta se hacía una plaza preparada de madera que era una obra de arte, luego fueron portátiles, luego la plaza se sacó del pueblo y también cambió el recorrido de los toros en el encierro de la mañana.

Un abrazo.

Eduardo de Vicente dijo...

Así es Carmen, además una herida producida por un toro es muy peligrosa al producirse violentamente, vienen desgarros e infecciones. Como dices hasta hace bien poco solo había una simple ambulancia y en los tiempos de este hecho ni eso.

Saludos.

Eduardo de Vicente dijo...

Dlt, esta tierra es muy taurina como la tuya, la sierra de Madrid tiene mucha ganadería brava, me alegro que te guste.

Un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

Es la ciudad con más historia que conozco, Torrelaguna, y justo es decirlo, haces Eduardo la mejor difusión que puede hacerse de ella. Un abrazo cronista.

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

La continua lucha por la vida del torero y el toro...terrible cogida desde luego.

Un abrazo.

Eduardo de Vicente dijo...

Pequeñas cosas Paco, nada comparables a tu Córdoba, ...ah de la que eramos en tiempos la frontera norte de su califato.

Un abrazo.

Eduardo de Vicente dijo...

Y es que alguna vez vence el toro y entonces la fiesta se convierte en tragedia, Carolvs.

Un abrazo.

PACO HIDALGO dijo...

Mala suerte la de Crespito. No lo conocía, sía a Quinito. Recuerdo haber leído "la hija del canibal", pero no recordaba este suceso. Felices Reyes, Eduardo.

Juan dijo...

Me acuerdo de las plazas taurinas que no tienen un quirófano. Me acuerdo de la cogida de Paquirri que murió, precisamente, por ello. Cuántos muertos ha habido ya por las corridas. Y sin embargo me gustan las corridas y ver los encierros de san Fermín por la tele.
Una fiesta consustancial a nosotros.
Saludos.

Eduardo de Vicente dijo...

Aunque menos reconocidos los subalternos también tiene sus momentos de gloria y tragedia.

Saludos Paco, igualmente.

Eduardo de Vicente dijo...

Juan y a pesar de contar las plazas ahora con todos los medios es tan peligrosa la lidia que siempre puede ocurrir alguna desgracia.

Saludos.

Eduardo de Vicente dijo...

Paso este comentario de Moisés a la entrada pues me había llegado por otro correo.

Hola, Eduardo:
Te quería hacer un pequeño comentario sobre tu publicación en el blog de la muerte del banderillero "Crespito".
Tienes razón cuando dices que, aunque menos conocidos, los subalternos también tienen sus momentos de gloria y tragedia. En este segundo caso, te puedo recordar el de uno de los grandes banderilleros, por lo menos, de finales del siglo XX. El caso del valenciano Manolo Montoliú que falleció en Sevilla el 1 de mayo de 1992, en plena Feria de Abril. En esta corrida, actuaba a las órdenes de José Mari Manzanares, padre del actual torero de mismo nombre artístico. Fue en el primer toro de la tarde, "Cabatisto" de nombre y perteneciente a la ganadería de Atanasio Fernández. Montoliú puso el primer par de banaderillas y, a la salida de éste, fue prendido por el burel en el pecho. Le infirió una cornada que le partió el corazón, cuando llegó a la enfermería no pudieron hacer nada por salvarle la vida.
Hay muchos más casos, pero te he querido recordar éste porque Montoliú estuvo anunciado en nuestra plaza de toros en el año 1962, creo recordar -he visto el cartel, pero ahora mismo no estoy muy seguro del año-, para actuar como novillero sin caballos.
Te mando el comentario por aquí porque no me ha dejado hacerlo en el blog.

Un saludo.
Moisés Celestén Lozano

Igor dijo...

La acuarela me ha dejado patidifuso, sencillamente extraordinaria.
Saludos.