Navegando por Internet he hallado este artículo en el blog: "..los hernández..". Vida y obra de Luis Hernández Rico (1866-1938) y Luis Hernández Alfonso (1901-1979).Aunque se puede encontrar íntegro en esta dirección, https://loshernandez.wordpress.com//, he pedido permiso a su autor para traspasarlo a este blog por la relación que tiene con Torrelaguna y como fue visto el pueblo, por su abuelo, en esas fechas.





Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 16 de julio de 1932 en la revista «Estampa». Debemos su localización al profesor Agustín Miranda Armas, administrador de la Minikpedia, a quien va todo nuestro agradecimiento. Texto y fotografías proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.Propósito
No intentamos «descubrir» Torrelaguna; sabéis, como nosotros, que es un pueblo de dos mil quinientos habitantes, cabeza de partido judicial, que está a cincuenta y ocho kilómetros de Madrid, muy cerca del río Jarama, y no lejos del Lozoya, que se alza en la ladera del cerro de Calerizas. Y que no tienen ferrocarril. Pero…
El pueblo en la llanura
El automóvil nos aleja de Madrid. Dejamos atrás la típica barriada de los Cuatro Caminos, Fuencarral, Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Fuente del Saz, Valdetorres, Talamanca… La llanura castellana, sobria, dura, monótona e impresionante por su ruda desnudez, desfila ante nuestros ojos como algo inacabable. De vez en vez se recorta en el horizonte diáfano la silueta de una torre de iglesia. Por los senderos, algún campesino camina como un tuareg entre los arenales del Sáhara.
Apenas si algunos árboles, no muy frondosos, en fila, espaciados, como diezmada guerrilla de un ejército derrotado, señalan el paso de un mezquino arroyuelo. Aquí y acullá, casas parduzcas que casi se confunden con el terruño.
Mas he aquí que el panorama varía. Campos bien cultivados bordean el camino. El «auto» avanza ahora bajo el ramaje tupido de unos árboles vigorosos que semejan tropas cubriendo la carrera. El agua ha hecho milagros.
Y de repente nos hallamos, casi sin darnos cuenta, en una amplísima y soleada plaza, a cuyo fondo un arco vetusto —el del Coso— parece una argolla que sujeta la carretera. Plaza típica, una antigua fuente frente a la fachada venerable de un palacio de amarillentas piedras varias veces centenarias.
La agonía de un pueblo
Recorremos las calles. Abundan en ellas los edificios de añosa piedra, casas solariegas de linajudas familias. Sobre muchos arcos evocan el pasado los blasones mutilados, las cimeras corroídas por la humedad, ennegrecidas y profanadas por el polvo de varias centurias.
Muchos de esos pórticos de indudable mérito arquitectónico han quedado para servir de acceso a sucios corrales. Otros, cerrados desde lustros, no tienen detrás sino ruinas: columnas derribadas, escaleras hundidas, muros derruídos. Calles hay donde la mitad de las casas están abandonadas. Impresiona tristemente esta decadencia de un pueblo que tiene elementos sobrados para ser población progresiva y floreciente.
¿Cómo, habiendo excedido en otras épocas de cinco mil habitantes, apenas si cuenta ahora con la mitad? El veterano maestro nos informa amablemente. En sus palabras hay una mezcla de amargura y de indignación. Los campos son de personas que no viven en Torrelaguna, y que sólo se ocupan de ellos para cobrar el canon estipulado. Viven en Madrid y gastan sus redimientos en la capital. Los colonos, trabajando constantemente, sólo consiguen un pobre salario.
El hambre pasa muchas veces por el pueblo. Es la tragedia de casi todos los lugares castellanos. Campos feraces, ricos, de ubérrimas cosechas, y campesinos míseros que arrastran una vida sin horizontes ¡en la región de más dilatados horizontes de España!
Las piedras torrelagunenses
Ya no hay lagunas ni torres en Torrelaguna. Aquéllas se secaron y éstas se cayeron. Unos trozos de muralla —en pie por verdadero milagro de equilibrio— nos recuerdan el rasgo de los que ofrecieron al rey Juan el regalo de unas fortificaciones hechas a costa de la población. Hoy no podrían hacer lo mismo.
Llegamos a la plaza del Ayuntamiento y nos detenemos, asombrados. Ante nosotros se alza una hermosa iglesia, enteramente de piedra, con su espadaña de extraordinaria elegancia y una puerta de serena belleza y severidad. Es el templo parroquial, reedificado a expensas del cardenal Cisneros y donde yacen los restos de grandes hombres, muy distintos en vida y ya iguales en la muerte: el inquisidor Vélez y el poeta Juan de Mena. Si grandes fueron ellos, no es indigno de su fama el panteón que guarda sus cenizas.
Detalle macabro
Uno de nuestros acompañantes nos señala una ventana enrejada que se abre a pocos centímetros del suelo del presbiterio, en el lado derecho del altar mayor (visto de frente). Nos aproximamos con curiosidad. Es una especie de nicho; la persona que nos ha hecho la indicación mueve una mano por entre los barrotes y levanta una tabla o plancha. Experimentamos penosa impresión al ver un confuso montón de huesos, entre los cuales creemos percibir que una calavera nos mira con sus vacías órbitas.
Son los huesos de Juan de Mena. Cualquier día, un turista extranjero, de estos que están desmantelando España sin que nadie lo impida, se llevará los restos de una de las más grandes figuras del parnaso patrio, para enriquecer un Museo de Inglaterra, de Alemania o de los Estados Unidos.
Vemos que encima de los restos hay un sobre; lo extraemos del nicho y hallamos en el interior un curioso documento. Es un acta fechada en 1869, donde se hace constar que por orden de la Junta provisional, ante el Cabildo torrelagunense, reunido en sesión solemne, se procede a sacar de su sepulcro los restos del gloriosísimo poeta don Juan de Mena, para trasladarlos al Panteón de hombres ilustres de Madrid.
El documento aparece firmado y sellado, y en él se indican las personas designadas por el Cabildo para que custodiasen el depósito hasta su entrega a las autordades nacionales. Pero es el caso que allí, en Torrelaguna, a merced de cualquier cleptómano de antigüedades que aproveche un descuido, están los huesos del que fue gran poeta cuando España iba a empezar su época de glorias bélicas.
La casa de Cisneros
En la plaza de la Constitución de alza una cruz de piedra rodeada por una verja. Allí estuvo la casa natalicia de Gonzalo Ximénez de Cisneros, que después cambió su nombre por el de Francisco; fue arcipreste de Uceda, capellán de Sigüenza, fraile franciscano, confesor de Isabel la Católica, arzobispo de Toledo, cardenal, comisario apostólico y regente de España.
Allí, en 1436 y de familia de posición humilde, nació aquel hombre genial (en sus méritos y en sus defectos) que llena más de un cuarto de siglo de la historia hispana.
El presente y el porvenir de Torrelaguna
Angustia ver que un pueblo enclavdo en fértiles tierras, bañadas por dos ríos, bien cultivadas, agonice lentamente. Las casas, abandonadas y en ruinas, impresionan dolorosamente. Torrelaguna, que tuvo en otros tiempos cerca de seis mil habitantes, hoy cuenta con menos de la mitad, y aun esos viven en constante penuria. Escasea el trabajo; muchas familias dependen de la Dirección del Canal del Lozoya. El viejo maestro don Severino Quirós nos cuenta, con voz conmovida, los detalles de esta agonía, análoga a la de otros muchos pueblos españoles, víctimas del caciquismo y de los abusos del derecho de propiedad, ambos unidos estrechamente para tormento de los que nada pueden ni poseen nada.
Torrelaguna merece vivir. Es una población de historia gloriosa, de abundantes recursos naturales. Necesita «acercarse» a Madrid, relacionarse constantemente con la capital y crear con ella un trato continuo para que cese su aislamiento y aumente su industria y su comercio.
Para todo eso no le basta a Torrelaguna tener una buena carretera.
Necesita un ferrocarril. Jamás el automóvil —por ahora al menos— tiene la trascendencia creadora que hace de las vias férreas elemento primordial del progreso.
Los Poderes públicos no deben desoír el clamor de las poblaciones que, abandonadas a su suerte y viendo disminuir sus medios de vida, piden al Estado lo que éste tiene el deber ineludible de darles.
Luis HERNÁNDEZ ALFONSO
(Fotos Vera Marrón.)

23 comentarios:
Las líneas dedicadas a Juan de Mena parecen extraídas de un cuadro de Solana.
Un saludo.
Cómo van cambiando los lugares con el tiempo. Pensar que ya no hay lagunas en Torrelaguna!
Esperemos al menos que los restos de Juan de Mena no corran la misma triste suerte que monasterios y castillos medievales, o que el mismisimo puente de Londres, todos trasplantados a America por el poder del dolar. Aterra a pensar que todo esté a merced de cualquier ladronzuelo.
Tal vez no sea tarde para la población que vio nacer a Cisneros. El ferrocarril llegará, estoy segura.
Feliz tarde, monsieur
Bisous
La verdad es que a Mena, con la fama que nos ha dado, no hemos parado de dar vueltas a sus restos, en alguna entrada sobre él, LA TUMBA DE JUAN DE MENA (etiquetas: Juan de Mena) lo explico. Ya tenemos bien cerradita su tumba.
Un saludo.
DAME MASQUÉE, nos hemos cruzado mientras contestaba a RETABLO DE VIDA ANTIGUA, como le digo a él las cosas sobre Mena ya han cambiado y respecto al ferrocarril en esa época hubiera estado bien pero ya no creo que lo necesitemos, pues salen autobuses de línea a todas las horas para Madrid-Plaza Castilla. Las lagunas fueron siendo desecadas aposta, hace algún siglo, para convertirlas en tierrras de labor y por que en su tiempo se consideraban focos de infecciones, debía ser por los mosquitos.
Bisous madame
Interesante documento, eran los difíciles años de la II República, algunos de los más duros de nuestra historia...el texto da cuenta de la huída hacia la ciudad por parte de los grandes señoritos y terratenientes que deja sus tierras a pobres labriegos...una pena, seguro que la cosa ha mejorado mucho en estos años ;)
Un saludo.
Duros años en los que esto se escribió y con una mirada desesperanzada pero abierta al futuro. Si la cosa ha mejorado y podría mejorar más.
Saludo, Carolvs.
Bueno, con esta entrada he aprendido cosas sobre Torrelaguna, ciudad que no significaba nada para mí hasta que he comenzado a leerte. Cada ciudad tiene su historia y su evolución.
Saludos
Coincido con Dissortat desde que leo este blog he aprendido muchas cosas de esta ciudad. Muchos Besos y feliz semana =)
Gracias DISSORTAT, el autor del artículo era de tu tierra y su padre también, lo puedes ver en el blog del que procede la entrada.
GEMA pues me alegro de ello, yo también lo hago de vuestros blogs que leo.
Saludos, abrazo y besos.
Ha sido todo un acierto la reproducción de este viejo artículo que nos enseña muy bien como estaban las cosas cuando se escribió. Especialmente interesante ha sido el párrafo de Juan de Mena. He corrido a ver tu entrada sobre su tumba y he quedado conforme con el estado de las cosas, porque al panteón de hombres ilustres no recordaba haberlos vistos (la verdad es que fue una buena iniciativa que se quedó en poca cosa), y estar expuestos al capricho de los visitantes tampoco era plan.
Por cierto eso de llamar a algunos pueblos con nombres de accidentes geográficos que no tienen no es único de Torrelaguna. En Albacete hay uno llamado Montealegre del Castillo, y según dicen no teniendo lo primero ni lo último, lo del medio también lo perdió.
Me ha gustado mucho tu entrada de hoy. Un saludo cordial.
DESDE LA TERRAZA, espero que también leyeras los comentarios a dicha entrada, LA TUMBA DE JUAN DE MENA, pues en el tercero doy casi más información que en el post.
El nombre del pueblo fue bien puesto en su momento pues como ya he dicho las lagunas se desecaron aunque en tiempo de mucha lluvia todavía quieren aparecer y torres hubo y hay algunas así como atalayas de la época de Al Andalus, aunque no la original, que dicen estaba donde hoy se encuentra la iglesia principal.
Como nieto del autor del reportaje, agradezco mucho a José Eduardo que lo haya reproducido en su interesantísimo blog. Si pienso que conocí Torrelaguna de la mano de mi abuelo, cuarenta años después del reportaje, y que me enseñó con devoción las viejas piedras de esa localidad, su magnífica iglesia y las memorias de Cisneros y Mena, me emociono.
Gracias de nuevo.
Y, en efecto, para DISSORTAT: mi abuelo era de Buñol, y su padre de Novelda, aunque la familia de éste era originaria de Aspe.
Gracias a ti DOCTORHACHE, yo solo he hecho pegarlo en este blog por tratar de Torrelaguna y ser muy interesante como crónica de la época. Veo que cuentas con más de un blog y que me gusta su temática, te seguiré leyendo.
Excelente trabajo de recopilación y divulgación. Saludos
Interesante.
que tiempos, aquellos.
un abrazo.
José Eduardo, me siento cada vez más honrado de haber sido el primer seguidor de tu blog, de que nos unan cosas tan curiosas como, la familia de Eugenio Noel, un cordobés fallecido allí –Juan de Mena- y parte de tu “mili” pasada aquí. Y digo que me siento honrado, porque cada vez es más interesante la labor que estás haciendo por tu ciudad, y cada día que pasa tienes más seguidores, que te reconocen tu labor paso a paso que, aun puedan ser cortos, son firmes, y cuando te digo que eres el CRONISTA OFICIAL de tu tierra, no es de coña, ni es por afecto, es porque es así.
Ahora la entrada. Qué bien está reseñada por el autor, la problemática de los restos de Juan de Mena en su tumba. Qué pena del abandono de todas las cosas –en Córdoba también estamos acostumbrados a la desidia y a la incompetencia, por mucha capitalidad cultural que pregonen-, yo que el jurado de estas cosas, miraría bien otras antes de dar premios. Extraordinaria pluma la de Luis Hernández Alfonso, en una época en la que la cultura recibió un gran empuje con ánimo de cambiar muchas cosas, que se cambiaron, aunque años después la sinrazón de siempre nos atrasara nuevamente, con la simbiosis del caqui y la púrpura.
Te felicito, porque, aunque las lagunas estén secas, las estas llenando de la historia de Torrelaguna.
Un abrazo.
Fíjate que los que estamos lejos de Madrid pensamo que no se noshace caso por eo, por nestra lejanía. Y ahora me entero que los que estáis cerca no os tratan mucho mejor. En fin, la lucha por l implantación del errocarrl es, enel caso de Béjar, casi ya una batala perdida. El último tren pasó por aquí en el año 1984 para no volver. Somos el eslabón que falta en la Ruta Vía de la Plata (falta el tramo Salamanca- Plasencia pasando por Béjar). En fin, espeor que tengais más suerte.
Saludos
LARAMI, es bueno que al menos en blogs, como también el tuyo, estas cosas no se pierdan y la historia de los pueblos pequeños, medianos o grandes permanezca, en este aspecto este artículo de Luis Hernández Alfonso es muy acertado para ver el estado de los pueblos españoles en el primer año de República.
GAUCHO, tiempos duros aquellos en los que empezaba a jugarse una batalla que ganó "la sinrazón".
PACO, muchas gracias por tus palabras y fíjate que este texto ayuda a poner fin a otros que afirmaban que los restos de Mena estaban en Madrid desde 1869, cosa que también desmentí en los comentarios al post LA TUMBA DE JUAN DE MENA.
CARMEN lo del ferrocarril fue necesario y serviría de gran ayuda en otros tiempos pero por lo menos por aquí ya no lo veo tan conveniente, son muchas ya las conexiones con Madrid y el areopuerto de Barajas está a menos de 40 Km.; si estamos en una zona de sierra un poco apartada del crecimiento de otros pueblos más pegados a Madrid que pierden su ruralidad y crecen como ciudades dormitorio, no me quejo en ese aspecto.
Un fuerte abrazo para l@s cuatro.
Sí que nos has acercado más la historia de este bellísimo municipio, con unos grabados geniales para conocer como era el municipio antes. Un cordial saludo.
Como nieto de Luis Hernández Alfonso, quiero agradecer a todos los lectores, y señaladamente a Paco Muñoz, sus comentarios sobre el artículo de mi abuelo. Poco a poco voy publicándolos, conforme los encuentro en hemerotecas de las físicas y de las virtuales... Me alegra mucho que, tantos años después, haya lectores que aún sigan apreciando su estilo.
Con Paco coincido también, tras llevar unos días leyendo entradas de esta bitácora, en considerar, además, a José Eduardo un auténtico cronista oficial de su villa.
Un fuerte abrazo a todos.
Pablo Herrero Hernández
Dostorhache, a "Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César", dice el refrán o la frase. Puedes estar orgulloso de D. Luis.
Saludos
Quisiera añadir un comentario más sobre el artículo y es que las fotos de la época firmadas por VERA MARRÓN, en una conversación que he tenido me han dicho que este autor de dichas fotos era de Torrelaguna, no dispongo de más datos pero bueno hay queda.
Gracias por vuestros nuevos comentarios, Paco Hidalgo, Doctorhache y Paco Muñoz.
Un abrazo.
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